Antes de regresar a casa, Manuel abrió un cajón, sacó una pequeña llave oxidada y dijo:
—Lo peor no es lo que firmé. Es lo que apareció después con mi firma.
PARTE 3
Nicolás esperó hasta que Javier y Nuria salieran a comer el domingo siguiente. Carmen se quedó junto a la ventana del pasillo, vigilando la calle, mientras Manuel cerraba la puerta de la antigua habitación de herramientas.
El anciano se arrodilló con dificultad, retiró la alfombra y levantó la tabla que Nicolás había visto mover la primera noche.