Volví sin avisar a Valencia y escuché a mi padre pedir permiso para sentarse en la mesa que él mismo construyó. Mis padres cenaban en el cuarto de herramientas mientras Nuria brindaba en su salón. Ella dijo: “Mejor comed en vuestro cuarto para no molestar”. No discutí, bloqueé las cuentas y llamé a mi abogado, hasta que vi lo que mi padre escondía bajo la tabla.

Antes de regresar a casa, Manuel abrió un cajón, sacó una pequeña llave oxidada y dijo:

—Lo peor no es lo que firmé. Es lo que apareció después con mi firma.

PARTE 3

Nicolás esperó hasta que Javier y Nuria salieran a comer el domingo siguiente. Carmen se quedó junto a la ventana del pasillo, vigilando la calle, mientras Manuel cerraba la puerta de la antigua habitación de herramientas.

El anciano se arrodilló con dificultad, retiró la alfombra y levantó la tabla que Nicolás había visto mover la primera noche.