un inmueble en las afueras, asegurándome que se trataba de una inversión patrimonial a largo plazo. Tres meses antes de nuestro quinto aniversario, recibimos la noticia más hermosa: estaba embarazada de nuestro primer bebé.
Nuestra residencia en la ciudad era confortable y moderna, pero colindaba con una avenida de tránsito pesado. Por las noches, el ruido de los motores y las sirenas se filtraba por las ventanas de nuestra alcoba.
Una tarde, mientras revisaba catálogos de cunas, suspiré cansada:
—Quizá debamos buscar algo más tranquilo para criar al bebé, Ethan.