del dedo la imagen de las aves:
—¿Tu padre los pintó a pulso?
—Cada pluma —asentí, emocionada—. Mira este de la izquierda, le quedó un ala torcida porque se le resbaló el pincel. Siempre fue mi favorito.
Acaricié la fotografía de la cocina con nostalgia:
—A veces daría la vida por regresar allí tan solo una tarde. Sentarme en esa mesa y escuchar a papá preparar el desayuno mientras canturreaba.
Ethan no dijo una sola palabra. Se limitó a contemplar la fotografía durante un largo minuto. Jamás sospeché lo que