el desayuno mientras canturreaba.
Ethan no dijo una sola palabra. Se limitó a contemplar la fotografía durante un largo minuto. Jamás sospeché lo que aquellas palabras mías despertaron en su interior.
La mañana de nuestro quinto aniversario desperté con el aroma a café recién filtrado. Ethan ya estaba vestido, sentado en un sillón junto al ventanal con un semblante inusualmente solemne.
—Feliz aniversario, mi amor —le dije sonriendo.
Se acercó a la cama, me besó con ternura y apoyó su mano cálida sobre mi vientre de cuatro meses:
—¿Cómo amanecieron