Fui a darle una sorpresa a mi esposo en el hospital, y su colega me preguntó: “¿No te dijo nada?”

cerebral.

 

La bolsa se me cayó

Fui al hospital con una bolsa de almuerzo y una sonrisa de tonta. No imaginaba que esa mañana mi matrimonio iba a dividirse en un antes y un después.

 

Mateo, el colega más cercano de mi esposo, me llevó a una pequeña sala de juntas. Yo seguía apretando la bolsa.

 

 

—Si mi marido está muerto, dímelo ahora —susurré.

 

—Andrés está vivo, Lucía —dijo enseguida.

 

Pude respirar. Pero Mateo añadió, bajando la mirada:

 

—Está internado en este hospital.