Fui a darle una sorpresa a mi esposo en el hospital, y su colega me preguntó: “¿No te dijo nada?”

un lugar seguro. Aún no puedo dártelo: contiene algo que podría destruir este hospital.

 

 

Esa tarde Andrés tuvo una crisis. Cuando lo estabilizaron, me apretó la mano con debilidad.

 

—No todas las noches fuera de casa fueron por tratamientos. Intentaba encontrar a alguien: una paciente que desapareció del programa. Una niña de ocho años. Se

llama Lía.

 

Me quedé sin aire. Lía era el nombre que yo había elegido para nuestra segunda hija, la bebé que perdí en el embarazo hacía nueve años.

 

—Lucía, hay