bienes que también le pertenecían.
Cuando Mauricio regresó a casa aquella noche, encontró algo diferente.
Adriana no estaba llorando ni pidiendo explicaciones.
Estaba sentada con una carpeta sobre la mesa y una calma que él no reconocía.
—Necesito que
me expliques algo —dijo mientras colocaba los documentos frente a él.
Mauricio intentó cambiar de conversación.
Pero Adriana hizo una pregunta concreta sobre las transferencias y el departamento.
Por primera vez en muchos años, él comprendió que ella había dejado de depender de