Volví del entierro de mi esposo y mi nuera me arrojó al cuarto del perro creyendo que yo era una viuda sin nada, sin imaginar que guardaba diecisiete millones, una mansión en Cancún y la verdad capaz de destruir su mentira

con Roberto fue esto: cuando la gente cree que ya te rompió, baja la guardia. Y cuando baja la guardia, muestra el corazón verdadero.

—Está bien —dije, con una calma que hasta a mí me sorprendió—. Haré lo que ustedes crean conveniente.

Patricia sonrió con triunfo. Marcos cerró los ojos, aliviado por no tener que elegir entre su esposa y su madre. Ahí supe que mi dolor no era solo por la muerte de mi esposo. Era también por el entierro de la ilusión que yo tenía sobre mi propia