con acceso escalonado al cumplir la mayoría de edad. No quería herederos inútiles; quería seres humanos con conciencia. Así que añadí algo que hizo reír a Fernando cuando lo leyó: cada año, para mantener ciertos beneficios, debían escribirme una carta contando qué habían aprendido sobre dignidad, honestidad y responsabilidad.
—Eso vale más que cualquier MBA —me dijo el abogado.
También dejé un fondo para terapia familiar y estudios. El dinero no cura almas, pero sí puede quitar piedras del camino mientras la gente hace el trabajo difícil.
El día que