el perdón no les sirve porque no buscan sanar; buscan volver a entrar.
Seis meses después de llegar a Cancún, una tarde me senté en la terraza a ver cómo el sol encendía el mar de naranja y rosa. Pensé en la mujer que había sido al regresar del funeral: herida, aturdida, todavía creyendo que el amor de la familia se sostenía por sí solo. Pensé en la mujer que durmió junto al garaje con un imperio silencioso escondido en papeles. Pensé en la mujer que siguió cocinando mientras reunía