su propio hijo.
Había llegado cinco días antes para pasar unas semanas con Daniel, su esposa Mariana y sus dos nietos, Mateo, de ocho años, y Valentina, de cuatro.
La casa estaba en Tlajomulco. Era una vivienda de dos plantas que Daniel había comprado seis años atrás con ayuda de su padre, quien aportó buena parte de sus ahorros para el enganche.
Todo parecía normal.
Daniel trabajaba hasta tarde administrando una bodega de materiales de construcción. Mariana mantenía la casa impecable, preparaba la comida y atendía a los niños.
Sin