ningún derecho sobre tu patrimonio.
Por primera vez, respiré con alivio.
Pero faltaba descubrir algo.
Una tarde, Sebastián salió apresuradamente y dejó varios documentos sobre la impresora.
Entre ellos encontré la copia de mi identificación oficial y un contrato de intermediación inmobiliaria.
El inmueble que pretendían vender era mi departamento.
El precio anunciado: 6 millones 800 mil pesos.
Y al final del documento había una firma.
Una firma que se parecía muchísimo a la mía.
Pero yo nunca había firmado nada.
Fotografié las hojas y llamé inmediatamente a Adriana.
Cuando