fuera un desconocido!
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
Porque todavía era mi hijo.
Todavía recordaba al pequeño que se dormía en mis brazos, al adolescente que me llevaba flores el Día de las Madres, al joven que lloró cuando enterramos a Héctor.
Pero también recordaba al hombre que me había llamado inútil delante de todos.
—Sebastián, cuando llegaste llorando porque supuestamente necesitabas ayuda, te abrí mi casa. Cuando me quitaste mi habitación, guardé silencio. Cuando tu esposa me humillaba, traté de comprenderla. Pero cuando decidieron utilizar