era empresario, ambicioso y presumido. Daniel, de 39, trabajaba como médico en Tehuacán y siempre encontraba tiempo para llamarme.
Todo comenzó cuando Sebastián apareció acompañado de Vanessa.
—Mamá, tenemos un problema terrible —me explicó—. Se dañaron las tuberías de nuestra casa y necesitamos salir mientras hacen las reparaciones.
—Será solamente un mes, suegrita —agregó Vanessa, abrazándome—. Prometemos no incomodarla.
Les abrí las puertas.
Fue mi primer error.
Llegaron al día siguiente con tantas maletas que parecía que pensaban instalarse definitivamente.
Durante la primera semana fueron amables. Después, Vanessa comenzó a