estaba tratando desesperadamente de mantener la imagen de empresario exitoso.
—Pensé que si vendíamos el departamento, podría recuperar todo. Después iba a comprarte algo más pequeño.
—¿Y cuándo pensabas preguntarme si yo quería venderlo?
No contestó.
—Tu padre y yo trabajamos toda la vida para tener seguridad en nuestra vejez. Tú querías utilizar esa seguridad para salvar un negocio que ni siquiera me habías explicado.
Sebastián comenzó a llorar.
—Tenía miedo de fracasar.
—Y preferiste hacerme fracasar a mí como persona.
Aquellas palabras lo hicieron bajar la cabeza.
Me preguntó