si podía perdonarlo.
Tardé varios segundos en responder.
—Todavía no sé. Pero aunque te perdone, tendrás que hacerte responsable de tus decisiones.
No lo abracé.
No porque hubiera dejado de amarlo, sino porque ya no quería que una muestra de cariño fuera interpretada como permiso para repetirlo todo.
El día catorce, comenzaron a empacar.
Vanessa había conseguido un departamento pequeño en otra zona de Puebla. Su casa continuaba rentada y no podían recuperarla de inmediato sin cumplir lo acordado con sus inquilinos.
Tuvieron que reducir sus gastos.
Vendieron algunos muebles