techo de mi pequeño cuarto, recordando cada palabra que había escuchado.
Durante meses me había preguntado qué había hecho mal para que Sebastián me tratara con tanto desprecio. Ahora comprendía algo mucho peor: las humillaciones no eran solamente producto de su mal carácter.
Formaban parte de un plan.
A la mañana siguiente, Vanessa entró sin tocar.
—Suegra, ¿ya desayunó? Sebastián dice que últimamente se le olvidan las cosas.
—No se me ha olvidado nada.
—Eso dicen todos los que están empezando a perder la memoria —contestó sonriendo.
Cuando salió, tomé