de la puerta.
—¿Cuánto tiempo más vamos a aguantar a la vieja? —preguntó ella.
—Hasta que podamos resolver lo del departamento.
Vanessa respondió con una tranquilidad escalofriante:
—Primero convencemos a todos de que está perdiendo la memoria. Después conseguimos que la ingresen en una residencia. Y cuando ya no pueda decidir por sí misma, vendemos todo.
Me quedé inmóvil.
Mi propio hijo no solamente quería quedarse con mi casa.
Estaba planeando quitarme el derecho a decidir sobre mi propia vida.
PARTE 2
Aquella noche no dormí.
Me quedé mirando el