mesa principal. A mí me colocaron sola junto a la puerta de servicio.
No había desayunado. Había pasado el día cerrando un reporte contable y llegué directo del trabajo. Después de una hora viendo pasar los platos, le pedí con discreción a una mesera que me sirviera algo.
Rodrigo apareció detrás de ella.
—Ni se te ocurre —le ordenó.
Tomó mi plato vacío y lo dejó caer al piso.
—Mírala —dijo, alzando la voz—. Mi mamá pagó esta boda y ella viene a aprovecharse. Daniela, entiéndelo: tú no eres una