a tres guardias revisando la escritura.
—Esta es mi casa —protestó.
El supervisor negó con la cabeza.
—La propietaria registrada es la señora Daniela Cruz.
Rodrigo pasó del enojo al desconcierto. Mariana, que hasta ese momento sonreía, empezó a preguntar dónde iban a dormir.
Esa noche los dos salieron de la propiedad con sus pertenencias básicas.
El lunes, Teresa apareció en mi trabajo acompañada por dos parientes. Entró gritando que yo había robado “el patrimonio de generaciones”, que era una oportunista y que había engañado a su hijo.
Mi jefe