ese instante comprendí que podía haber algo más que un hermano ambicioso.
Los dejé marcharse y llamé a mi abogado, Javier.
Le expliqué lo sucedido y le envié una fotografía del documento.
Media hora después, Javier me devolvió la llamada.
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—Mariana, encontré algo preocupante. Necesitamos revisar las cuentas que administraba Ricardo. Hay operaciones que podrían estar relacionadas con esa propiedad.
—¿Qué clase de operaciones?
—Todavía no puedo asegurarlo. Pero no firmes nada que él te lleve y conserva todos los mensajes.
Esa noche, Ricardo apareció con un ramo de