Antes de casarme, mi papá me pidió que protegiera mi dinero y mi departamento. Dos años después, mi esposo intentó transferir 10 millones de pesos a su hermano sin preguntarme. “¡Soy tu marido, tengo derecho!”, gritó al ver que el banco rechazaba la operación. Yo llamé tranquilamente a mi abogado. Esa misma noche descubrí que no solo querían quedarse con mis ahorros.

vaya bien. Cuida lo que construyas con tu propio esfuerzo».

No volvimos a hablar.

De doña Teresa supe muy poco.

Ricardo tampoco volvió a buscarme.

Hasta una tarde de lluvia.

Salía de una cafetería cuando lo vi en la acera de enfrente.

Estaba esperando un taxi, vestido con ropa sencilla y sosteniendo una mochila.

Nuestras miradas se encontraron.

Durante un instante pareció querer acercarse.

Yo permanecí inmóvil.

Ricardo levantó una mano tímidamente.

Le respondí con un pequeño movimiento de cabeza.

Nada más.

No hubo gritos, lágrimas ni discursos.

Cada uno