concretado.
Sin mi dinero, no podía pagarla.
También me dijo que había conseguido un empleo estable y que ahora estaba ahorrando para rentar un departamento con su novia.
Al final escribió:
«Sé que fui un grosero contigo. Mi hermano y mi mamá nos hicieron creer que teníamos derecho a pedirte cualquier cosa. Pero yo también fui culpable. Perdón».
Leí el mensaje varias veces.
No sentí satisfacción por sus dificultades.
Solamente pensé que quizá, por primera vez, Diego estaba aprendiendo a vivir dentro de sus posibilidades.
Le respondí:
«Espero que te