mis decisiones financieras, pero sí conocía a varios proveedores y participaba en negociaciones administrativas.
Nunca había tenido motivos para desconfiar de él.
Hasta aquella noche.
Ricardo seguía sentado frente a mí, esperando que firmara el supuesto acuerdo matrimonial.
—¿Qué pasa, Mariana? —preguntó—. ¿Por qué me miras así?
Dejé la carpeta sobre la mesa.
—Necesito que me expliques algo. ¿Qué relación tienes con Grupo Inmobiliario del Centro?
Su sonrisa desapareció.
—Es un proveedor. ¿Por qué?
—Porque aparece relacionado con la casa que supuestamente quiere comprar Diego.
Ricardo tardó demasiado en responder.