Antes de casarme, mi papá me pidió que protegiera mi dinero y mi departamento. Dos años después, mi esposo intentó transferir 10 millones de pesos a su hermano sin preguntarme. “¡Soy tu marido, tengo derecho!”, gritó al ver que el banco rechazaba la operación. Yo llamé tranquilamente a mi abogado. Esa misma noche descubrí que no solo querían quedarse con mis ahorros.

menor, Diego, quería comprar una casa costosa en una zona exclusiva de Puebla.

Ricardo aseguró que necesitaba diez millones de pesos para concretar la operación y comenzar una nueva vida.

Pensé que estaba bromeando.

—¿Diez millones? ¿Y cómo piensa devolverlos?

—Somos familia, Mariana. No puedes pensar solamente en dinero.

Le expliqué que aquella inversión era un regalo de mis padres y que no estaba dispuesta a financiar los caprichos de Diego.

Entonces Ricardo tomó mi celular.

Conocía la contraseña porque yo confiaba plenamente en él.

Abrió la aplicación bancaria, seleccionó