desconocía.
Algunos podían tener explicaciones legítimas. Otros no coincidían con ningún gasto familiar.
—Necesitamos revisar cada movimiento antes de reclamar formalmente —advirtió Javier.
Sentí que me faltaba el aire.
Recordé las veces que Ricardo me había dicho que estaba corto de dinero.
Las ocasiones en que yo pagué nuestras vacaciones, reparaciones del automóvil y hasta algunas de sus deudas personales.
Él siempre tenía una explicación convincente.
Un bono retrasado.
Un cliente que no había pagado.
Un gasto inesperado.
Mientras tanto, mi dinero sostenía nuestro estilo de vida y parte de