los canales autorizados.
También solicité al banco que revocara cualquier acceso de Ricardo a mis productos individuales.
Cancelé las tarjetas adicionales que dependían de mi línea de crédito y cambié mis contraseñas.
No quería venganza.
Quería impedir que alguien volviera a tomar decisiones sobre mi dinero sin mi consentimiento.
Durante los siguientes días, Ricardo empezó a llamarme insistentemente.
Primero pidió perdón.
Después me acusó de dejarlo en la ruina.
Finalmente llegó un mensaje que me hizo comprender cuánto había cambiado nuestra relación.
«Si no me ayudas, toda mi familia va