Me desesperé por la situación de Diego. Pero debes comprender que cuando te casas también aceptas las necesidades de la familia de tu esposo».
No contesté.
Media hora después llegó otro.
«Mamá está muy lastimada. Dice que nunca imaginó que nos humillarías por ser pobres».
Aquello terminó de abrirme los ojos.
Yo había pagado ciento ochenta mil pesos para reparar la casa de doña Teresa. También había cubierto tratamientos médicos y préstamos que jamás reclamé.
Pero ahora resultaba que yo despreciaba a su familia.
Esa tarde recibí una llamada del