Antes de casarme, mi papá me pidió que protegiera mi dinero y mi departamento. Dos años después, mi esposo intentó transferir 10 millones de pesos a su hermano sin preguntarme. “¡Soy tu marido, tengo derecho!”, gritó al ver que el banco rechazaba la operación. Yo llamé tranquilamente a mi abogado. Esa misma noche descubrí que no solo querían quedarse con mis ahorros.

Me desesperé por la situación de Diego. Pero debes comprender que cuando te casas también aceptas las necesidades de la familia de tu esposo».

No contesté.

Media hora después llegó otro.

«Mamá está muy lastimada. Dice que nunca imaginó que nos humillarías por ser pobres».

Aquello terminó de abrirme los ojos.

Yo había pagado ciento ochenta mil pesos para reparar la casa de doña Teresa. También había cubierto tratamientos médicos y préstamos que jamás reclamé.

Pero ahora resultaba que yo despreciaba a su familia.

Esa tarde recibí una llamada del