encontrado el mío a los 64 años y era una mesa pequeña junto a una ventana.
Desde entonces vuelvo a ir sola. Alguna vez Salvador me acompaña, pero me pregunta antes. Y algunas veces le digo que sí.
Lo curioso es que cuando puedo elegir, disfruto mucho más de su compañía. El mes pasado, el día de nuestro aniversario, le dije que quería llevarlo «a mi cafetería». Encarna nos puso dos cafés y Salvador se sentó exactamente en mi mesa habitual. Antes de empezar a hablar me preguntó: «¿Hoy sí
A los 64 años empecé a ir sola a desayunar a una cafetería cerca de casa todos los sábados. Mi marido se reía de mi pequeña costumbre hasta que un día decidió acompañarme sin preguntarme. Me sorprendió descubrir que no quería que viniera.