puedo venir?». Nos reímos.
Pero la pregunta me pareció bonita. Porque después de tantos años juntos, todavía podemos aprender que querer compartir la vida no significa tener que compartir cada rincón de ella.
¿Creéis que en una pareja es normal querer conservar pequeñas rutinas en las que estar completamente solo, o cuando prefieres hacer algo sin tu pareja significa que algo empieza a faltar en la relación?
Si esta historia os ha tocado, compartidla con vuestros seres queridos.
A los 64 años empecé a ir sola a desayunar a una cafetería cerca de casa todos los sábados. Mi marido se reía de mi pequeña costumbre hasta que un día decidió acompañarme sin preguntarme. Me sorprendió descubrir que no quería que viniera.