a Lucía. Y amo a Camila. No vine a pedirte permiso.
Se marchó.
Esa misma noche, Camila bajó al departamento de doña Dolores con una caja, un pedazo de satén rojo y una idea.
Dos días después, en Nochebuena, apareció frente a mí con sus zapatos rojos puestos y un paquetito entre las manos.
—Voy a visitar a la mamá de Alejandro.
—¿Qué?
—Puedes venir conmigo o puedo ir sola.
—Camila…
—Mamá, tú dices que cuando alguien está triste a veces se porta mal.
Me mostró el paquete.
—Le hice