“Hoy no, cariño”, le susurré a mi hija frente a unos zapatos rojos de $3.800. Su padre nos había abandonado y yo apenas podía pagar la renta. Ella no lloró; sacó un lápiz y empezó a dibujarlos en un recibo. Yo solo le tomé la mano… sin saber que el millonario detrás de nosotras acababa de escucharlo todo.

primera colección de una joven diseñadora mexicana llamada Camila Ferrer Morales.

Vestidos de colores intensos.

Faldas amplias.

Pequeños botones con forma de estrella.

Y moños.

Muchos moños.

Pero en el centro de la vitrina no había ningún vestido.

Había una urna de cristal.

Dentro descansaban unos zapatos infantiles rojos, ya gastados por los años.

A su lado estaba aquel primer dibujo hecho en un recibo arrugado.

Debajo, una placa pequeña decía:

“Aquí empezó todo.”

Alejandro tomó mi mano.

Ya tenía canas.

Yo también.

—¿Estás llorando? —le pregunté.

—No.

—Alejandro.

—Es