milagro nunca fueron aquellos zapatos.
Fue que alguien pudo comprarlos sin hacerme sentir pequeña.
Fue que preguntó antes de ayudar.
Fue una niña que convirtió un pedazo de satén en perdón.
Y fue descubrir que una puerta cerrada años atrás no significaba que todas las puertas del mundo fueran a cerrarse también.