PARTE 2: El día en que la mujer más temida de la prisión perdió el control

zapatos de Emma.

Las reclusas se levantaron de sus bancos. Algunas querían ver una pelea; otras comenzaron a retroceder para evitar problemas.

Desde la torre de vigilancia, un guardia observaba la escena.

—Tenemos problemas en el patio —anunció por radio.

Pero antes de que pudiera dar la orden de intervenir, Emma hizo algo que nadie esperaba.

Se quitó lentamente los guantes de limpieza, los dejó encima del banco y miró directamente a Vanessa.

—Está bien —dijo—. Si eso es lo que necesitas, vamos a terminarlo.

Vanessa sonrió.

No sabía que