PARTE 2: El día en que la mujer más temida de la prisión perdió el control

años, el cabello negro hasta los hombros y una pequeña cicatriz cerca de la ceja izquierda.

No llevaba fotografías de su familia.

No preguntó cuánto tiempo tardaría en recibir visitas.

Tampoco quiso llamar a nadie.

Durante el registro inicial, una funcionaria revisó su expediente y frunció el ceño.

—¿Trabajabas en seguridad privada?

—Sí —respondió Emma.

—Aquí dice que recibiste entrenamiento especializado.

—Hace tiempo.

La funcionaria pasó otra página.

—También dice que renunciaste después de un incidente durante una operación.

Emma guardó silencio.

—¿Quieres explicar lo que ocurrió?

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