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—No.
La mujer la observó unos segundos y cerró el expediente.
—Como quieras. Una recomendación: aquí dentro no intentes convertirte en una heroína.
Emma recogió su ropa y siguió a la guardia hasta su celda.
No sabía todavía que aquellas palabras acabarían teniendo un significado muy diferente.
Antes de entrar en prisión, Emma había trabajado en una unidad de protección y respuesta ante situaciones de alto riesgo. Había pasado años entrenándose para mantener la calma cuando otras personas entraban en pánico.
Su trabajo consistía en observar, evaluar y