ahí”, susurró. “Te juro que no sabía”.
Entonces Clara vio algo más.
No estaba dentro del armario. Estaba bajo la silla donde yacía la camisa de su esposo: una mochila pequeña, abierta, con un cuaderno escolar asomando y una bolsita de pan aplastada en el fondo. En la primera página del cuaderno había una nota fechada esa misma mañana, escrita por una mano adulta, con una sola instrucción subrayada.
Su esposo la vio al mismo tiempo.
El color se le fue de la cara.
Clara levantó el cuaderno, miró a