Hoy, cerca de las 11 de la mañana, Clara regresó a casa después de un viaje de trabajo de 4 meses.

cabello oscuro sobre una almohada que Clara misma había comprado, y la camisa de su esposo tirada en una silla.
Pero lo peor no fue eso.
Lo peor fue el silencio.
Un silencio demasiado pesado para una infidelidad común. Sin vergüenza. Sin sobresalto. Sin ese salto torpe de quien acaba de ser descubierto. Era como si la casa entera hubiera ensayado ese momento durante semanas y Clara fuera la única que no tenía el guion.
Dio un paso más.
“¿Quién está ahí?”.
Nadie respondió.
Entonces vio algo junto al lado