Inés.
Tres años antes, mi tía me lo había donado mediante escritura pública. Yo había firmado los documentos ante notario y tenía el predio inscrito a mi nombre.
—Valeria, ese terreno es mío.
Mi hermana abrió los ojos.
—No puede ser. Papá dice que pertenece a nuestra familia desde hace generaciones.
—Era de la familia de mi madre. Ahora está a mi nombre.
Saqué el teléfono y llamé a Inés.
—Tía, ¿autorizaste que Ernesto construyera algo junto al lago?
—¡Por supuesto que no! Mónica vino a pedírmelo y le dije