que no. Después dejó de llamarme.
Le conté lo que acababa de descubrir.
Mi tía guardó silencio unos segundos.
—Samuel, tenemos que detenerlos.
Valeria se cubrió la boca.
—Papá ya gastó casi un millón de pesos en esa construcción. Invitó a más de doscientas personas.
Entonces Iván habló por primera vez.
—Nos dijeron que tenían permiso. Yo no quiero comenzar nuestro matrimonio aprovechándome de algo que no nos pertenece.
Valeria asintió, avergonzada.
Después sacó otra hoja de la carpeta.
Era una transferencia bancaria de hacía dieciocho años.
El dinero de