Tenía 13 años cuando mi padre arrojó mi maleta al suelo, le prendió fuego y me dijo: “Desde hoy no tienes familia”. Mi tía me recogió aquella noche y nunca volví a verlo. Pero 18 años después llegó una carta que revelaba un secreto sobre mi herencia. Guardé silencio y llamé a una abogada, sin imaginar lo que descubriríamos sobre la boda de mi hermana…

que no. Después dejó de llamarme.

Le conté lo que acababa de descubrir.

Mi tía guardó silencio unos segundos.

—Samuel, tenemos que detenerlos.

Valeria se cubrió la boca.

—Papá ya gastó casi un millón de pesos en esa construcción. Invitó a más de doscientas personas.

Entonces Iván habló por primera vez.

—Nos dijeron que tenían permiso. Yo no quiero comenzar nuestro matrimonio aprovechándome de algo que no nos pertenece.

Valeria asintió, avergonzada.

Después sacó otra hoja de la carpeta.

Era una transferencia bancaria de hacía dieciocho años.

El dinero de