Tenía 13 años cuando mi padre arrojó mi maleta al suelo, le prendió fuego y me dijo: “Desde hoy no tienes familia”. Mi tía me recogió aquella noche y nunca volví a verlo. Pero 18 años después llegó una carta que revelaba un secreto sobre mi herencia. Guardé silencio y llamé a una abogada, sin imaginar lo que descubriríamos sobre la boda de mi hermana…

mi madre había sido enviado a una empresa constructora propiedad de Ernesto.

Unos días después, esa misma empresa había realizado el anticipo para comprar una casa.

La casa donde crecieron Valeria y Mónica.

Me quedé mirando el documento.

Mientras yo dormía en una habitación prestada de mi tía, mi padre había utilizado mi futuro para comprarle una casa a su nueva familia.

Pero todavía faltaba algo.

Valeria me mostró un contrato que Ernesto había entregado a los organizadores de la boda.

En él aparecía una supuesta autorización del propietario para