vas a arrepentir.
—Estás construyendo en mi propiedad, Ernesto.
—¡No me hables como si fueras un desconocido! ¡Soy tu padre!
—Un padre no abandona a su hijo a los trece años.
Hubo unos segundos de silencio.
Después soltó una carcajada seca.
—Sigues siendo igual de ingenuo. ¿De verdad crees que yo hice todo aquello solo?
Sentí un escalofrío.
—¿De qué estás hablando?
Su respuesta me dejó sin respiración.
—Pregúntale a tu tío Joaquín qué documentos firmó el día que te dejé en aquella carretera. Él sabe perfectamente por qué tenías