fotografías.
Mi padre seguía trabajando como si nada hubiera ocurrido.
Había contratado músicos, servicio de banquetes y decoradores. Incluso había mandado instalar una enorme estructura de madera junto al lago.
Una tarde me llegó un mensaje de Mónica.
«Samuel, si tienes tantita vergüenza, dejarás de molestar. Tu hermana no tiene la culpa de tus problemas con Ernesto. No arruines su boda por rencor».
Lo leí tres veces.
Durante mi infancia aquella mujer me había hecho sentir culpable por pedir comida, ropa o útiles escolares.
Ahora pretendía hacerme sentir culpable por