carpintería en Morelia. Pero aquella tarde era solamente un niño que no entendía por qué su propio padre lo odiaba tanto.
Mi mamá, Claudia, había fallecido de cáncer cuando yo tenía ocho años.
Antes de morir, siempre me decía que debía estudiar, trabajar honradamente y no permitir que nadie me hiciera sentir menos.
Después de su funeral, mi padre empezó a cambiar.
Primero dejó de hablarme. Luego se casó con Mónica, una mujer que me trataba como si fuera un intruso.
Cuando nació Valeria, mi media hermana, terminé convirtiéndome en