En ese momento llamaron a la puerta.
Era Joaquín.
Había aceptado acudir para aclarar lo ocurrido.
Ernesto se puso de pie inmediatamente.
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—¿Qué haces aquí?
Mi tío entró sin mirarlo.
—Vengo a decir la verdad.
Mónica se llevó una mano al pecho.
—Joaquín, no tienes por qué meterte.
—Llevo dieciocho años metido en esto —contestó.
Después miró a Valeria.
—Tu papá utilizó dinero que pertenecía a Samuel. Yo ayudé a preparar documentos para justificar esos movimientos. Y estaba presente cuando lo dejó abandonado.
Mi hermana comenzó a llorar.
Ernesto