se levantó.
—Ese terreno perteneció a mi familia, Ernesto. Te dije personalmente que no podías utilizarlo.
Mónica intervino:
—¡Todo esto es por culpa de Samuel! Siempre ha querido vengarse de nosotros.
La miré.
—¿Vengarme? ¿Por exigir que respeten algo que es mío?
—Nosotros te dimos techo durante años —replicó.
Sentí que la sangre me hervía.
—Y después me dejaron junto a una carretera.
Mónica apartó los ojos.
Mi padre soltó un suspiro.
—Ya te dije que cometí errores. ¿Qué más quieres?
—Que dejes de llamarle error a lo que hiciste.