Mi esposo trajo un cuadro enorme justo antes de irse de viaje y me dijo: “Si me quieres, no lo toques”. Después de 11 años de matrimonio, aquella petición me pareció extraña. Mientras limpiaba, el marco se deslizó y descubrí un compartimento oculto con dinero y documentos falsos. Guardé fotografías de todo sin decir una palabra. Dos días después, mi esposo me pidió vender urgentemente nuestra casa, y entendí que estaba preparando algo terrible…

mientras Arturo revisaba documentos con una inmobiliaria, busqué información sobre el caso de 2015.

Encontré noticias antiguas que confirmaban el robo. También descubrí que uno de los investigadores se llamaba Héctor Salinas.

El lunes, a primera hora, acudí a la Fiscalía.

Después de explicar lo ocurrido, me recibió un hombre de cabello canoso y mirada serena.

—Soy Héctor Salinas. ¿Qué necesita contarme?

Le mostré las fotografías.

Al llegar a la identificación, se quedó inmóvil.

—¿Dónde encontró esto?

—En mi recámara. Detrás de un cuadro.

—¿Ese hombre es su esposo?

Asentí.