mientras Arturo revisaba documentos con una inmobiliaria, busqué información sobre el caso de 2015.
Encontré noticias antiguas que confirmaban el robo. También descubrí que uno de los investigadores se llamaba Héctor Salinas.
El lunes, a primera hora, acudí a la Fiscalía.
Después de explicar lo ocurrido, me recibió un hombre de cabello canoso y mirada serena.
—Soy Héctor Salinas. ¿Qué necesita contarme?
Le mostré las fotografías.
Al llegar a la identificación, se quedó inmóvil.
—¿Dónde encontró esto?
—En mi recámara. Detrás de un cuadro.
—¿Ese hombre es su esposo?
Asentí.