Natalia?
—Ya es adulta. Tiene su propia vida. No podemos seguir sacrificándonos por ella.
Aquellas palabras me dolieron más que cualquier discusión de nuestro matrimonio.
Recordé entonces que Bruno había exigido su dinero precisamente aquella semana.
Arturo quería vender mi única propiedad, recuperar lo que escondía detrás del cuadro y desaparecer antes de enfrentar a su antiguo cómplice.
—Necesito pensarlo —respondí.
Él me tomó la mano.
—Confía en mí, Lucía. Nunca te haría daño.
Casi tuve que apartar la mirada para que no descubriera lo que estaba pensando.
El sábado,