contra los dos hombres, sin permitir que yo firmara la venta definitiva.
Estaba a punto de agradecerle cuando sacó otra fotografía.
—Lucía, necesito que vea esto.
En la imagen aparecía Arturo, mucho más joven, sentado dentro de un automóvil.
Y detrás de él, caminando por una banqueta, estábamos Natalia y yo.
Mi hija llevaba su uniforme de primaria.
Reconocí inmediatamente aquella calle.
Era la misma donde vivíamos antes de conocer a Arturo.
Miré la fecha.
La fotografía había sido tomada tres semanas antes de nuestro primer encuentro.
—Eso es imposible —