nuestra nueva vida, Lucía.
Lo miré a los ojos.
—Sí. Hoy van a cambiar muchas cosas.
Durante el trayecto hacia la inmobiliaria, habló sin detenerse. Mencionó restaurantes de Veracruz, la tranquilidad del puerto y los paseos que podríamos dar al atardecer.
Yo miraba por la ventana y pensaba en Natalia.
Me había llamado temprano para decirme que estaba acompañada y siguiendo las indicaciones recibidas.
Eso era lo único que me permitía conservar la calma.
En la oficina nos recibió un asesor que, según lo acordado con las autoridades, estaba informado